ACERCA DE LA ESCRITURA

por Don Webb

 

Hace mucho en un lugar lejano a las orillas del río Nilo existieron dos grandes grupos llamados Los Seguidores de Horus y Los Seguidores de Set, que controlaban la mayoría de las unidades políticas llamadas Nomas. Había grupos pequeños como La Cuadrilla Verde, Los Seguidores de Thoth y el Quinto Equipo. Los Seguidores de Thoth comenzaron a hacer pequeños retratos para llevar cuenta de sus actividades laborales, mágicas y religiosas. Esta práctica, una simple costumbre de un culto pequeño, se convirtió en escritura. Ciertas civilizaciones retomaron este arte, unos directamente de Egipto vía transmisión cultural. Esto es, vieron lo que el primer grupo estaba haciendo y decidieron hacer lo mismo.

En aquellos tiempos la palabra se parecía a lo que representaba. La palabra pertenecía entonces al ojo. Pero futuras palabras comenzaron a parecerse a como sonaban, y la palabra perteneció entonces al oído.

Lo que el oído ha estado escuchando en los últimos siete mil años ha sido la autobiografía de la imaginación humana.

A veces ha sido un relato de triunfo, a veces de horror, a veces de tristeza y, a veces (y este ha sido el peor de todos) ha sido un relato de lasitud.

Este relato tiene ciertas propiedades, hace que todo el que lo escucha tenga el deseo de repetirlo. Hay ciertos secretos tan poderosos que nos obligan a repetirlos, no importa cuánto quisiéramos mantenernos en silencio. El relato que el oído ha estado escuchando tiene otra propiedad, pues nos hace olvidar las mejores frases y los mejores momentos graciosos. Es así como empezamos a contar nuestras propias historias, o mejor dicho, empezamos a contar el relato de las historias del oído y en un punto crucial se nos olvida lo que íbamos a decir. Entonces nos revolvemos y tratamos de inventar algo y todo lo que inventamos forma parte del gran relato.

A veces salimos con algo maravilloso, como Hamlet. A veces salimos con algo popular como Tarzán, y así podemos retirarnos como hombres y mujeres ricos. La mayoría de las veces salimos con algo que resulta bastante aburrido. A veces lo que inventamos surge con un acento muy extraño y el oído tiene que escuchar con más atención. Le llamamos a esta escritura alternativa o experimental. A veces vale la pena prestarle atención a este tipo de material. La mayoría de las veces, como cualquiera de los interminables zumbidos del gran relato, no lo vale.

De cualquier modo existe un verdadero problema con la escritura de tipo alternativo o experimental: casi siempre produce el deseo de repetirla y olvidarla a una velocidad mucho más rápida que el resto del relato. Esto es porque se encuentra en el creciente filo del mismo.

Nunca va a ser popular.

Ciertamente nunca te va a hacer rico.

Y te puede dejar cansado. Te cansa porque tienes que hablar tu parte del gran relato a un volumen susurrante. No tienes oportunidad de gritarlo como en una revista, y ciertamente no puedes obtener el gran rugido de un libro best seller. Estás susurrando lo más alto que puedes junto al mar. A veces pasan días y nadie se acerca a escucharte susurrar. Cuando alguien lo hace, se encuentra apto para susurrar también.

Si no me crees, arma una pequeña revista, dale un nombre raro como Atticus Review, dile a la gente que estás interesado en la escritura alternativa y vas a obtener más proposiciones que lectores en un mes. Gente de Groenlandia y Bosnia y la Samoa Americana te escribirán mandándote susurros.

Algunos van a estar bien. De hecho, probablemente más de los que puedas publicar. Pero muchos van a ser tan raros que no vas a saber si son buenos o no. Estos pueden ser los conjuros susurrados de locos que están tratando de jalar la dirección del gran relato en dirección de su propia naturaleza extraña.

Algunos, no obstante, pueden ser las expresiones y murmullos de un futuro tan remoto que te pueden asustar o cautivar con su belleza.

Ese es el pago por ayudar a susurrar más alto. Ese raro momento en el que tú -y quizás tú solo- conoces la dirección que el gran relato, la autobiografía de la imaginación humana, va a tomar.

¿Y no es esa la razón por la cual leemos? ¿Para descubrir qué va a pasar en la siguiente página? ¿Para saber si el detective ha encontrado al culpable?

Es así como saludo a quienes se han reunido para escuchar estos susurros, estas palabras de Thoth con cabeza Ibis, dios de la Magia, quien ha estado convirtiendo la imaginación en realidad desde siete mil años antes de que este festival se iniciara, y la seguirá convirtiendo en realidad por miles de años más.

Thoth ha escrito, y el rollo de pergamino se abre para mostrar una página en blanco que se llenará con lo que este festival arrojará a la imaginación de todos los que han asistido, todos los que han escrito, todos los que han leído.

 


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