7° Encuentro Internacional de

Poesía Visual, Sonora y Experimental

 

 

 

Gustavo Vega, creador y teórico de la poesía visual

Ana Alvarez Grijalbo (España)

 

 

Gustavo Vega, uno de los creadores más inquietos e innovadores de la poesía visual española, es un punto de referencia, tanto por su propia obra creativa como por sus trabajos de investigación teórica en el campo de lo que él denomina poéticas de creación visual. Precisamente su tesis doctoral, con la que obtuvo la máxima calificación, se titula Poéticas de Creación Visual en España, 1970-1995.

 

De tendencia natural a lo interdisciplinar -habitualmente se desenvuelve entre la filosofía, la poesía y las artes plásticas-. Vega disfruta saltándose los límites de la verbalidad, explorando las dimensiones del cuerpo de la escritura, al tiempo que experimentando las posibilidades de la materialidad plástica. Menosprecia la esterilidad de ciertos convencionalismos y prescinde de las tradicionales divisiones en compartimentos estancos del saber y de la creación. Además se vale de una dilatada variedad de recursos y tecnologías; así, utiliza tanto métodos tradicionales –pintura, serigrafía...- como nuevas tecnologías –video, infografía, etc.-. Todo ello, con una clara intención poetizadora, tal y como podemos ver, ya sea en sus múltiples exposiciones de poesía visual o en sus diferentes recopilaciones.

 

Así, por ejemplo, en el libro Prólogo para un silencio (1) intencionalidad plástica y poética coinciden. La sensualidad de las formas plásticas se fusiona con el cuerpo de la escritura generando microcosmos significativos. Todo ello traspasado, al mismo tiempo y paradójicamente, por la emoción y por la reflexión. Poesía, plástica y filosofía superpuestas, identificadas, produciendo una perfecta interrelación entre la palabra y la imagen, entre lo textual y lo gráfico.

 

En realidad, dicho libro es una recopilación de trabajos -poemas visuales de gran tamaño elaborados por el autor a finales de los años 70 y primeros 80, paralelamente a textos poéticos publicados en otro libro, Habitando transparencias, 1982-. Son obras que nos ponen en la pista de Mallarmé, Apollinaire, concretistas y de tantos vanguardistas que han visto en el espacio blanco de la página no un soporte para la escritura, sino un elemento de significación.  Él asume tales aportaciones históricas como propias, pero con una nueva plasticidad. Precisamente éste es un aspecto que distingue a este autor de otros poetas visuales, su plasticidad.

 

Al mismo tiempo, hemos de añadir que, haciendo de la emoción pensamiento y del pensamiento verso que emociona, Gustavo Vega transciende cualquier presupuesto filosófico o teórico para disfrutar siendo poeta. Ser siendo y ser sintiendo; ser, a fin de cuentas, ser sentiente para exprimir lo común cotidiano y transformarlo en poema, en escritura, en gesto.

 

¿Quién no conoce el placer de ser de la forma perfecta pensamiento? susurran, en irónica letanía, las páginas de otro libro de Vega, El placer de ser (2). ¿Quién no conoce...? El placer de ser es una historia de presentes encadenados -el aquí y el ahora de ahora mismo o el de hace unos cuantos años- engarzados en una cronología ficticia, desordenados a drede y reordenados, reelaborados para que el poeta se invente a sí mismo.

 

Tierno, irónico, trascendente o banal, el universo de Gustavo Vega es un mosaico de enanas blancas y de agujeros negros, de astros plagados de dioses y de adioses, y de presentes inmutables que convierten la memoria en un álbum de instantáneas. Para lo cual, Vega libera el idioma de imperativos académicos. Rompe, aísla, estira... y disloca la frase para hacerla verso. La página, la palabra, la tipografía, la imagen y el hueco, orquestados, configuran un lenguaje nuevo, mucho más allá de las lindes semánticas de lo dicho, de lo escrito o de lo dibujado. Esta experimentación poética en áreas de lo visual es producto de la indagación y de la búsqueda, quehacer -¿qué-hacer?- que Gustavo Vega desarrolla sirviéndose de las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías infográficas sin dejar de lado las tradicionales.

 

El prologuista de El placer de ser, el catedrático J. M. Balcells, al tiempo que describe a Gustavo Vega como uno de los más representativos autores de la creación visual en España, dice de él que es un incansable investigador de lo visual desde hace varias décadas, que juega, disecciona... y extrae las posibilidades que un simple paréntesis, un guión, una coma cualquiera o una palabra guardan escondidas en sus entrañas. Y que sutilmente dice, casi sin decir, y hace del gesto del escrito -de sus formas- un lenguaje universal.

 

Finalmente no podemos dejar de mentar la importante labor de promoción y el magisterio que desarrolla dentro de un área a veces tan marginal y minoritaria, la poesía visual. Es frecuente en su labor docente la realización de talleres y de cursos, siendo incontable el número de alumnos que ha tenido y siendo tenido por muchos como un maestro o referente. Así, por ejemplo, en la Universidad de León, imparte con gran éxito de público una asignatura que se titula precisamente Palabra e Imagen. Poesía Visual.

 

 

(1) . VEGA, Gustavo. Prólogo para un silencio.  Barcelona: Ed. Zendrera Zariquiey, 1992

(2) . VEGA, Gustavo. El placer de ser. Ed. Endymion. Madrid, 1997