6° Encuentro Internacional de

Poesía Visual, Sonora y Experimental

 

 

 

. 1980: Una década de poesía experimental argentina .

Jorge Santiago Perednik

 

 

La historia de la poesía experimental argentina tiene entre sus muchas características una que es oportuno destacar: generalmente sus cultores vienen de una formación y una experiencia de trabajo dentro de las artes plásticas. Xul Solar, uno de los momentos culminantes de la poesía experimental en el mundo, Edgardo Antonio Vigo, a quien se podría llamar el padre de la poesía experimental argentina por su vocación de difundirla y expandirla en el país y hacia el exterior, Carmelo Arden Quin, León Ferrari o Mirtha Dermisache, son unos pocos ejemplos de esta fuerte presencia plástica extraídos de una muy larga lista. Puede parecer curioso que un arte literaria, la poesía, sea impulsada desde un arte no literaria; no lo es tanto si se atiende a las características de la poesía experimental: su falta de respeto por los límites instituidos sobre las artes, su exploración de territorios que normalmente se consideran extranjeros a la literatura ­propios de la música, la plástica, el teatro, etc.–, permiten a los artistas plásticos considerarla como una práctica no extraña. Por su parte algunos de ellos se sienten atraídos por la palabra y la incluyen en sus trabajos, incluso mediante un tratamiento tal que parece propio de esta aventura indefinida, de confluencia, que aquí se da en llamar poesía experimental.

 

La década de 1980 trae para la historia de este ámbito una sorpresa: por primera vez el empuje y la renovación nacen de la literatura, son promovidos por escritores cuya formación y experiencia de trabajo provienen de la poesía, o sobre todo de ella. Hay dos momentos notables, y relacionados, que señalar en este proceso: a principios de la década la publicación de la revista XUL, Signo viejo y nuevo. Revista de poesía. y hacia fines la conformación de Paralengua, la ohtra poesía, un grupo formado por escritores experimentales.

 

En 1980 se publica el nº 1 de la mencionada revista. La referencia desde su nombre a Xul Solar y el énfasis puesto en el signo ­en su carácter siempre cambiante, y ambiguo, que por otro lado subraya un interés por la tradición y la renovación-, son una suerte de programa poético. El editorial de ese primer número dice que XUL significa una encrucijada, una línea que vuelve sobre sí misma para llegar a un punto distinto, y un viraje brusco: reafirma dicho programa buscando practicar su inscripción en la forma, en el dibujo de sus letras mayúsculas. El primer número ya incluye, en este sentido, un poema de Xul Solar y un manifiesto vanguardista de un grupo italiano recién constituido, la INI. Al año siguiente el segundo número dedica la mayoría de la revista a un dossier sobre el concretismo brasilero y sus antecedentes desde principios de siglo. Y en el tercer número un ensayo recorre algunos hitos de la experimentación en Argentina. Más tarde dos números se dedicarán a los poetas argentinos experimentales contemporáneos, el 5 intitulado “Un nuevo verso argentino” y el 10 intitulado “El punto ciego: la poesía visual”.

 

La revista XUL, por la importancia que tuvo en su década para la poesía, sirvió de fuerza de atracción y difusión de las búsquedas e investigaciones experimentales en Argentina. Varios de los poetas que surgieron por entonces declararon que fue gracias a la lectura de XUL que advirtieron las posibilidades que ofrece la materia del poema (sus elementos sonoros, visuales, corporales, virtuales, etc.) y se decidieron a trabajarlas. Entre los primeros en dar a conocer sus poemas Emeterio Cerro, en 1982, publica con el sello “XUL Ediciones” el libro La Barrosa, dos largos poemas armados sobre estructuras musicales, a partir de la repetición y variación de sonidos, en los que la lógica que sostiene el discurso es estrictamente fónica. Por entonces, también “XUL Ediciones” publica Sopa de letras, de Gustavo Rossler, un libro de poemas visuales armado con máquina de escribir mecánica. En el mismo sello se publica Un pedazo del año, de mi autoría, un librito con dos hojas largas pegadas contra la tapa y contratapa respectivamente y plegadas como un acordeón, que reproducen el contenido de varios metros de cinta de escribir de máquina eléctrica, en la que aparecen todo lo que el escritor tipeó, inclusive erratas, correcciones, textos fallidos, cuestiones privadas, etc. También la editorial C.E.A.L. me encarga una antología, Poesía Concreta, que publica en una gran tirada para venta en kioscos, y que aportó a la difusión amplia de este tipo de poemas.

 

En 1985 se publica Oral, de Carlos Estévez, un libro de poemas cuya función es acompañar a la manera de una partitura a un cassette con la interpretación vocal de su autor, destacado poeta argentino entre los que trabajan con la voz y los sonidos que puede emitir el cuerpo. A partir de la segunda mitad  de 1980 también empezaron, por diferentes medios, a hacer públicos sus poemas experimentales Roberto Cignoni, Fabio Doctorovich, Andrea Gagliardi, Alonso Barros Peña, Roberto Scheines y Ladislao Pablo Györi, la mayoría de ellos, como los anteriores, colaboradores de la revista XUL y todos escritores. La obra de cada uno de ellos merecería un extenso comentario.

 

En 1989 nace el grupo Paralengua, la Ohtra Poesía, cuya actividad se va a extender durante la siguiente década, formado por Roberto Castro, Roberto Cignoni, Fabio Doctorovich y Carlos Estévez, y continuado por los tres últimos. Su propósito era estimular lo que llamaba “la ohtra poesía”, una conciencia de alteridad respecto de la poesía institucional sostenida teóricamente en la cuestión de las técnicas: proponía y estimulaba otros soportes técnicos y otras técnicas interpretativas respecto de los tradicionales. Afirma Carlos Estévez: “La ampliación del concepto de lo poético, la redefinición de su especificidad, la corporeidad poética, la disolución de los límites entre la poesía y las restantes disciplinas artísticas, son algunas de las cuestiones que se derivan de las premisas [de Paralengua]. En síntesis, Paralengua posee un carácter tentacular y proteico al cual no debe retaceársele lo desprejuiciado, lo festivo, lo intelectual, lo sensitivo y, primordialmente, la pasión con que se apropia de todas las dimensiones de la palabra”. Me permito agregar que cualquiera sea el lugar que se le atribuya,  siempre sostuvo una política de no automarginación, apreciable en los lugares elegidos para realizar encuentros y muestras: plazas, sociedad de escritores, los más reconocidos centros culturales, café-concerts, teatros, salas de exhibiciones y museos.

Entre sus actividades públicas hay que señalar la realización de al menos un encuentro anual a partir de 1989 donde se exhibían poemas visuales, sonoros, virtuales, videos, performances en las que la poesía confluía con el teatro, la música, la danza, etc.

 

El primer año un encuentro tuvo lugar en Oliverio Mate Bar y el 10 y 17 de diciembre de 1989 otro encuentro en una plaza barrial localizada en las calles Serrano y Honduras. Al año siguiente se realizó en el Foro Gandhi bajo el nombre de Paralenguados. Se repitió un año más tarde en el mismo Foro. En 1992 se presentó el video Paralengua en Liberarte. En 1993 se realizó el encuentro anual en Babilonia. En 1994 en la Sociedad Argentina de Escritores y el Foro Gandhi. En  1995 en el Centro Cultural Ricardo Rojas. En 1996 en el Centro Cultural Recoleta tuvo lugar una mega exposición internacional denominada Primeras Jornadas de Poesía Experimental en Buenos Aires, que abarcó también el Centro Cultural Ricardo Rojas y el Teatro Sala Sarmiento. Al año siguiente hubo una doble jornada en el Museo de Arte Moderno y en 1998 la participación bajo el sugestivo título de Paralengua Fuera en la Tercera Feria del Libro de San Nicolás de los Arroyos marcó el fin de la experiencia de diez años.

 

El lugar vacío que dejó Paralengua como centro estimulador y organizador de eventos no impidió que sus integrantes siguieran generando nuevas obras y coincidieran con su participación individual en muchas muestras; por otro lado este vacío fue rápidamente ocupado por Vortice Argentina, un movimiento que otra vez vino a empujar la poesía visual desde una formación y trabajo en las artes plásticas. Así empieza un nuevo momento de esta historia.