La Victoria de Samotracia

Arte Griego helenístico. Mármol, 2.75 mts.

Siglo II, año 220 al 190 a.C.

El debilitamiento de Atenas y de las demás ciudades griegas a causa de la dominación macedonia, y las conquistas de Alejandro, que favorecieron los contactos con otros centros de civilización rompieron la relación entre el individuo y el sistema político y religioso propio de Grecia, y favoreció las tendencias a la diversidad individual. Este "personalismo", que no ha de ser considerado por fuerza decadente en el mal sentido de la palabra, es el trazo que distingue la época denominada "helenística". Una de las nuevas metrópolis, Rodas, conserva su espíritu de ciudad "griega" a pesar de su cosmopolitismo y de su localización geográfica en Asia.

Probablemente fue un escultor rodio desconocido el creador de esta obra maestra helenística, mundialmente conocida. Esta vibrante figura nos recuerda por un lado el clasisismo de Lisipo, por la noble armonía del dibujo, mientras que, por otro, resulta barroca si observamos su patetismo y el dinamismo de su actitud y de sus ricos ropajes.

Para subrayar la originalidad de su estilo, la estatua estaba colocada en un saliente, sobre el teatro, dominando el santuario de los Cabiros y el mar. El paisaje reforzaba aún más esta visión ideal del helenismo, que hace casi obligatoria la evocación del esfuerzo civilizador de Alejandro, que la conquista romana y la rivalidad de sus sucesores detendrían algo más tarde. Verdad es también que influencias de Pérgamo pudieron penetrar en los talleres de Rodas.

La tensión de la estatua, de casi tres metros de altura, su audaz dinamismo y sus tumultuosos ropajes empujados por el viento componen una visión realista; por otra parte, la escultura parece haber sido realizada para dominar un gran espacio natural y arquitectónico. La obra, que seguramente conmemoraba la victoria de la flota rodia sobre Antioco III, fue reconstruida con los fragmentos descubiertos en 1863 por el cónsul francés Charles Champoineau en la isla de Samotracia. Actualmente se conserva en el Museo del Louvre.

En el primer manifiesto del Futurismo, publicado en Le Fígaro de Paris, el 22 de febrero de 1909, el poeta italiano Marinetti, dice: "Afirmamos que la magnificencia del mundo se enriquece de una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un auto de carrera adornado de sus gruesos tubos semejantes a serpientes de hálito explosivo... un ruidoso automóvil, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia."

 

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